Los Misterios del Plata

Manso de Noronha, Juana

132 pages - In Spanish
Annotated Edition

ISBN: 987-1136-37-4
Library of Congress Control Number: 0

Printed copy: U$ 16.90.-  add to cart
Evaluation copy: U$ 10.99.-  add to cart
Online access: U$ 9.99.-  add to cart

Con Los misterios del Plata, publicada en 1846 (apenas meses después de la aparición del Facundo de Domingo F. Sarmiento), Juana Manso se adelanta cinco años a la publicación de Amalia por José Mármol, y da inicio en el Río de la Plata a la serie de novelas históricas con trasfondo político.

Pese a su manisfestación expresa “no es mi ánimo imitar los Misterios de París de Eugenio Sué”, el episodio de la persecución de Valentín Alsina por parte de Juan Manuel de Rosas no por ser real deja de parecerse mucho a los actos del “bajo fondo” narrados por el folletinista francés.
Traiciones, ignorancia, torpeza y egoísmo ramplón, todo se combina para sellar la suerte de un noble Valentín Alsina, apenas disimulado bajo el nombre de Valentín de Avellaneda.

El episodio narrado por Juana Manso se enmarca en el clima de opresión trazado magistralmente por Esteban Echeverría en El Matadero (1838), y de no haber mediado la intervención de Ricardo Isidro López Muñiz, quien en su edición de 1924 agregó un final, la novela hubiera quedado abierta dejando un similar sabor amargo.

La indignación exaltada que trasunta este escrito, lanzado para “no permitir que [de esta tierra] su verdugo y más cruel opresor sea considerado, un valiente y viejo paladín de la libertad. [porque] Es necesario que el mundo entero sepa lo que los Argentinos deben a ese Rosas, oprobio y vituperio de la humanidad entera” no opaca la fluidez de la pluma de una de las primeras mujeres de letras argentinas.

Un detalle no menor es que en Los Misterios… Juana Manso no abandona su lucha por crear conciencia y ensanchar el espacio de participación de la mujer, y reserva a Adelaida Maza de Avellaneda un rol esencial en la lucha contra el destino, con un perfil mucho más activo y enérgico que el de su marido.

Imagen de cubierta
“Goleta Balimere” (detalle) 1887 - Eduardo de Martino
Gentileza: Carlos María Pinasco
Zurbarán | El Arte de los Argentinos
1819 - 1875
Considerada la primera militante feminista de Argentina, luchó por crear conciencia sobre la situación postergada de los niños y la mujer. Su actuación le valió ser considerada una de las personalidades femeninas decisivas del sigo XIX en Latinoamérica.

Educacionista, autora del primer compendio de Historia Argentina para escuelas, poetisa, conferencista y propagandista en periódicos de educación. Decididamente anticlerical, en 1865 se convirtió al protestantismo. Colaboradora y seguidora de Sarmiento, peleó por el cambio en la educación tomando como modelo el norteamericano.

Su padre fue José María Manso, un activo revolucionarias de mayo 1810 y amigo de Bernardino Rivadavia, a quien convenció de crear la Sociedad de Beneficencia, y fundar escuelas como las Catalinas, y la de Montserrat, adonde acudió Juana.
En 1839 bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas, su familia se vió obligada a emigrar a Montevideo en 1840, en pleno auge del ideario romántico cuya figura señera fue Esteban Echeverría.

En 1841 Juana Manso creó en su casa en Montevideo el Ateneo para Señoritas, donde educaba a las jóvenes en aritmética, lectura, gramática, francés, piano, canto, dibujo. Amén de labores, buenos modales y moral.
A los 22 años empezó a publicar, con seudónimo, sus poesías en los diarios El Nacional y El Constitucional. José Mármol fue su amigo personal y crítico. En 1842 al ser sitiada Montevideo por Manuel Oribe, toda la familia Manso tuvo que exiliarse nuevamente, esta vez en el Brasil. Allí publicó “Fragmento sobre una momia egipcia que se halla en Río de Janeiro”, un conjunto de coplas y análisis filosóficos.

Forzada a regresar a Montevideo por la difícil situación económica, Juana fue nombrada directora de una escuela de niñas. En 1843 publicó las poesías “Una Tumba” y “Una lágrima para ella”, y un manual para la educación inicial de niñas.

En 1844 contrajo matrimonio con el violinista Francisco de Saá Noronha, con quien viajó a Filadelfia, Estados Unidos, donde nació su primer hija.
En medio del fracaso profesional de Saá Noronha y los malos tratos cotidianos, el matrimonio se estableció en Cuba hasta 1848 cuando partieron para Brasil; en el trayecto nació la segunda hija.

Durante ese período Juana escribió las obras teatrales La Familia Morel, A Saloia, A Esmeralda, Rosas, de gran éxito en Brasil. En 1851 lanzó su primer semanario, el Jornal das Senhoras, con poemas, crónicas sociales, partituras, que se complementaron con artículos dedicados a la educación de la mujer donde abogaba por su emancipación con párrafos como: “Vosotros, ricos, ¿por qué no las educáis ilustradas, en vez de criarla para el goce brutal? Y vosotros, pobres ¿por qué le cerráis torpemente la vereda de la industria y el trabajo, y la colocáis entre la alternativa de la prostitución y la miseria?”.
En 1852 publicó Los misterios del Plata, novela donde denuncia las persecuciones del régimen Rosista. En medio del éxito de su novela, el fallecimiento de su padre y el abandono de su esposo la motivaron a regresar a Buenos Aires.

En 1854, ya en Buenos Aires publicó el Álbum de Señoritas con el mismo estilo del Jornal, junto con un folletín de su novela histórica La Familia del Comendador.
Su prédica antiesclavista y en defensa de la libertad de culto motivaron el vacío social y consecuente fracaso de la venta, por lo cual debió regresar a Brasil en medio de penurias económicas.

En 1859 su amigo José Mármol le presentó a Domingo Faustino Sarmiento quien la nombró directora de la recientemente fundada Escuela de Ambos Sexos Nº 1 y la hizo partícipe de los Anales de la Educación, publicación creada por él para difundir nuevos planes de enseñanza. En ellos Juana postuló el aprendizaje basado en la observación y la reflexión, el respeto a las necesidades y grados de maduración del niño.
En 1862, escribió el Compendio de la Historia de las Provincias Unidas del Río de La Plata, manual de historia con lenguaje sencillo para los primeros años de enseñanza.
Durante 1864 escribió en La Flor del Aire en una sección a su cargo titulada “Mujeres Ilustres de la América del Sud” . Allí rescató la vida de mujeres de la política. Por esos años escribió el drama teatral La Revolución de Mayo de 1810, y el relato Margarita, donde refleja la hipocresía de las relaciones de pareja en el siglo XIX.
En 1865 escribió el artículo “La escuela de Flores”, una dura crítica acerca de los gobiernos de América Latina por no destinar los suficientes fondos a la educación.

La partida de Sarmiento a Lima la dejó sola en la pelea por mantener la escuela mixta, ya que no recibía muchos recursos y la superaba el número de niños. Hacia 1865 se le prohibió tener niños varones de 8 años, lo que motivó su renuncia.
Por sugerencia de Sarmiento se abocó a la tarea de fundar bibliotecas populares con la ayuda de vecinos prestigiados. En 1866 fundó la primera biblioteca en la ciudad de Chivilcoy.
Sus conferencias y lecturas públicas en varias oportunidades culminaron en actos de violencia, ya que en ellos denunciaba la desigualdad, la hipocresía de dogmas que condenan a la mujer. Inició juicios a quienes la calumniaban, defendió la secularización del matrimonio, la educación, etc..
En 1867 colaboró en la campaña presidencial de Sarmiento, y fue su corresponsal mientras él permanecía en Estados Unidos. En 1868 el triunfo de Sarmiento le permitió volver a la fundación de bibliotecas, a distribuir Los Anales y ser la primera mujer nombrada vocal del Departamento de Escuelas.
En 1869 impulsó en 34 establecimientos su método de enseñanza, que eliminaba el castigo físico, e introducía la enseñanza de idioma inglés, las planillas por asistencia, y la realización de concursos para los puestos directivos.
Merced a su proyecto de profesionalización docente presentado en la legislatura de Buenos Aires, en 1871, fue incorporada por Nicolás Avellaneda en la Comisión Nacional de Escuelas, siendo la primera mujer que ocupó ese cargo.

Duramente atacada por los sectores más conservadores que buscaban su renuncia, Juana Manso cayó enferma. En 1875 a los 55 años falleció.
Su figura había generado tantas polémicas que recién en 1915 fueron traslados sus restos al Panteón del Magisterio en Chacarita.