Manuela.
Novela bogotana

Díaz Castro, Eugenio

412 pages - in Spanish
Edición Crítica, Notas y Comentarios
Flor María Rodríguez-Arenas
ISBN: 978-1-934768-49-5
Library of Congress Control Number: 2011942893

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La ideología y el realismo de medio siglo
José Eugenio Díaz Castro fue considerado ya a comienzos del siglo XX como el autor que con Manuela había producido la novela realista que era «en su género, la más fiel copia de la realidad por el arte y la más acabada de cuantas se habían escrito en América» (Cejador y Frauca).
El autor fue un escritor liberal que, por medio de la representación que efectuó en Manuela aplicó las reglas del Realismo francés del medio siglo para describir, presentar, explicar y reproducir objetivamente la realidad, ofreciendo las pruebas del fenómeno observado, para que el lector basándose en los aportes mostrados concluyera cuál era el estado de la sociedad y, así, encontrara formas de corrección y mejoramiento.
Su escritura, de un efectivo realismo, en ocasiones anticipa la entrada del Naturalismo, como movimiento literario, al examinar las profundidades de la naturaleza humana y las relaciones del ser humano con su sociedad circundante.
En el mundo ficcional de Manuela se explicita la complejidad de la interacción de las formaciones culturales que intervenían y se entrecruzaban en la época y la velocidad de la circulación de las ideas, las cuales¿  fueron parte integrante y principal de la ideología política y del desarrollo de la novelística para el grupo de escritores liberales que adoptaron el Realismo a mediados del siglo XIX; grupo al cual perteneció el liberal-socialista José Eugenio Díaz Castro, quien afirmó sobre su propia escritura: «mi pluma ha sido alternativa, democrática y sumamente popular».

Ver el estudio de la prof. Flor María Rodríguez-Arenas «Eugenio Díaz Castro: Realismo y Socialismo en Manuela. Novela bogotana.


(1803-1865), proviene de uno de los troncos familiares importantes de Cundinamarca, Colombia.
Hijo de José Antonio Díaz Ospina y Andrea de Castro Rojas. Su padrino de bautismo fue José Joaquín Ortiz Nagle, firmante del acta de Independencia.
Hizo sus estudios superiores en el Colegio Mayor de San Bartolomé, en el que fue admitido el 13 de febrero de 1819, como parte de una nueva generación de intelectuales.
Estudió durante 6 años la carrera de Derecho Civil, con lo cual cumplió totalmente con los requisitos de la legislación emitida en 1824 para que los estudiantes avanzados de Derecho recibieran el grado.  
Se dedicó a diversos trabajos agrícolas y administrativos durante su vida. Autor de: Una ronda de Ventura Ahumada, el de Manuela y el de «Las aventuras de un geólogo», que finalmente se publicó como Bruna, la carbonera
Fue el ideólogo fundador del periódico literario El Mosaico. Para solidificar esa publicación entregó los manuscritos de Manuela. La novela comenzó a publicarse el 8 de enero de 1859, con el título: «Manuela. Novela bogotana», hasta el 2 de abril del mismo año; pero salió únicamente hasta menos de la mitad del capítulo octavo, cuando se suspendió la publicación.
Al mismo tiempo, que publicaba otros escritos para El Mosaico, aparecieron textos suyos en la Biblioteca de Señoritas.
Entre 1861 y hasta poco antes de su muerte, se dedicó a escribir los textos de El Rejo de Enlazar,  Los Aguinaldos en Chapinero, y Pioquinta o el Valle de Tenza.

La novela que lo ha hecho conocer como un autor representativo de las letras colombianas es Manuela. Novela bogotana (1858), publicada en forma completa en 1866. Para comienzos del siglo XX, por sus características que la adscriben al Realismo del medio siglo, Cejador y Frauca, conocido crítico y literato español la designó como: «la más fiel copia de la realidad por el arte y la más acabada de cuantas se han escrito en América» (Cejador y Frauca 1918). Mientras que Benito Valera Jácome, serio investigador de la novelística hispanoamericana del siglo XIX, juzgó que: «El escritor colombiano, conocedor de los postulados del socialismo utópico de Proudhon y de las intrigas folletinescas de Los misterios de París(…) corrige la perspectiva costumbrista, con una postura más objetiva, abierta a la reproducción plástica de la naturaleza, de las fiestas populares, de los contextos ideológicos y las situaciones de marginación social (Valera Jácome 1987). En este mundo ficcional, Díaz Castro estudió las ideas y los principios generales que determinaban el comportamiento humano, para efectuar una severa crítica de la situación político-social. Su deseo era contribuir a cambiar el desequilibrio de las condiciones sociales y así buscar una solución a la miseria de los desprotegidos; pero especialmente a la aberrante situación de destrucción de las vidas de las mujeres, producto de la marginación social en que se tenía al género femenino.