Niebla

de Unamuno, Miguel

254 pages - In Spanish
Edición Crítica, Notas y Comentarios
Juan Herrero-Senés
ISBN: 978-1-934768-36-5
Library of Congress Control Number: 2010939056

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Niebla narra las peripecias de Augusto Pérez, un joven rico, huérfano e introspectivo que un día de repente se descubre enamorado de Eugenia, una muchacha con la que se cruza por la calle.
El surgimiento de lo que Augusto entiende como amor coincide así con el inicio de la historia y resulta ser el momento en que el protagonista considera que empieza realmente a existir, pues anteriormente había vivido de manera solitaria, entre sus sueños y sus recuerdos de infancia, al calor de las faldas del recuerdo materno. De este modo, la lucha por alcanzar el amor verdadero está desde el principio íntimamente entrelazado con la preocupación por la propia existencia y cómo ésta va construyéndose.
La importancia de Niebla en el panorama español y europeo de la primera mitad del siglo XX no puede ser exagerada: condensa y presenta dilemas centrales en torno a la existencia y la inmortalidad y a cómo vivir la propia vida, temas que obsesionaban a su autor Unamuno; dinamita las normas del género novelesco al incluir novedosos procedimientos narrativos que culminan en un uso revolucionario de la metaficción; y ofrece en la historia de Augusto y sus cuitas por conseguir a Eugenia una galería de personajes redondos y complejos que sintetizan variadas actitudes vitales y modos de entender la realidad. Dotada de un lenguaje rico y cernido, Niebla es en su complejidad directa, profunda y emotiva; y como pocas obras literarias lleva casi cien años obligándonos a plantearnos quiénes somos nosotros, sus lectores.
(1864-1936)
Escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98.
Doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid en 1884 con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, donde postula su idea sobre el origen de los vascos, contraria a las afirmaciones del nacionalismo vasco.
En 1884 como profesor de latín y psicología, publica un artículo titulado Del elemento alienígena en el idioma vasco y otro costumbrista, Guernica, y en 1886 cominza sus colaboraciones con el Noticiero de Bilbao.
En 1894 ingresa en la Agrupación Socialista de Bilbao y colabora en el semanario Lucha de clases. Luego de tres años abandona el partido socialista y sufre una gran depresión.
En 1901 es nombrado Rector de la Universidad de Salamanca.
En 1914 el ministro de Instrucción Pública lo destituye por razones políticas, convirtiéndose Unamuno en mártir de la oposición liberal.
En 1920 es elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras, al tiempo que es condenado a dieciséis años de prisión por injurias al Rey aunque la sentencia no llegó a cumplirse.
En 1921 es nombrado vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hacen que éste lo destituya nuevamente y lo destierre a Fuerteventura a comienzos de 1924.
A los pocos meses es indultado, pero él se destierra voluntariamente a Francia; primero a París y, al poco tiempo, a Hendaya, en el País Vasco francés, hasta el año 1930, año en el que cae el régimen de Primo de Rivera. A su vuelta a Salamanca, la ciudad le brindó un recibimiento apoteósico.
Candidato a concejal por la conjunción republicano-socialista para las elecciones de 1931, Unamuno resulta elegido.
El 14 de abril forma parte de la proclamación de la República en Salamanca. En su discurso declara que comienza «una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido».
La República le repone en el cargo de Rector de la Universidad de Salamanca.
En las elecciones a Cortes es elegido diputado como independiente por la candidatura de la conjunción republicano-socialista.
Aun cuando había dicho que él había contribuido más que ningún otro español —con su pluma, con su oposición al rey y al dictador, con su exilio...— al advenimiento de la República, comienza a desencantarse.
En 1933 decide no presentarse a la reelección. Al año siguiente se jubila de su actividad docente y es nombrado Rector vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, que crea una cátedra con su nombre. En 1935 es nombrado ciudadano de honor de la República. Fruto de su desencanto, expresa públicamente sus críticas a la reforma agraria, la política religiosa, la clase política, y el gobierno.
Al inicio de la guerra civil Unamuno apoyó a los rebeldes, queriendo ver en ellos a un conjunto dispuesto a encauzar la deriva del país.
Incluso acepta el cargo de concejal y durante el verano de 1936 hace un llamamiento a los intelectuales europeos para que apoyen a los sublevados, declarando que representaban la defensa de la civilización occidental y de la tradición cristiana. Pese a que el gobierno de Azaña lo destituye, el gobierno de Burgos le repone en el cargo.
Sin embargo pronto se desengaña ante el cariz que va tomando la represión en Salamanca.
Recibe infinidad de pedidos de mujeres de amigos, e incluso desconocidos, que le piden interceda por sus maridos encarcelados, torturados y fusilados.
Incluso amigos suyos habían sido asesinados o encarcelados a la espera de ser fusilados.
En octubre Unamuno visitó a Franco para suplicar inútilmente clemencia para sus amigos presos.
Durante el acto de apertura del curso académico de 1936 Unamuno se arrepintió públicamente de su apoyo a la sublevación en el Paraninfo de la Universidad.
Varios oradores habían denostado a la «anti-España», y Unamuno se puso en pie e indignado pronunció un apasionado discurso:
«Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (...) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...»

En ese punto, el general José Millán-Astray empezó a gritar: «¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?» mientras su escolta presentaba armas y alguien del público gritó: «¡Viva la muerte!».
En su discurso Millán dijo: «¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!».

Excitado al punto de no poder seguir hablando se cuadró mientras se oían gritos de «¡Viva España!».
Ante el silencio Unamuno pronunció un encendido discurso, ante el que Millán, furioso, gritó: «¡Muera la inteligencia!».

En un intento de calmar los ánimos, el poeta José María Pemán  exclamó: «¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!».

Unamuno no se amilanó y concluyó: «¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España».

En ese momento, y , y de no ser por la esposa de Franco, Carmen Polo, quien lo toma del brazo y le acompaña a su casa rodeados de su guardia personal todo hubiera terminado en tragedia.
De todos modos el 22 de octubre Franco firma el decreto de destitución de Unamuno como rector, y los últimos días de vida (de octubre a diciembre de 1936) Unamuno los pasó bajo arresto domiciliario.

Obra

Narrativa
Paz en la guerra (1895)
Amor y pedagogía (1902)
Recuerdos de niñez y mocedad (1908)
El espejo de la muerte (1913)
Niebla (1914)
Abel Sánchez (1917)
Tulio Montalbán (1920)
Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920)
La tía Tula (1921)
Teresa (1924)
Cómo se hace una novela (1927)
San Manuel Bueno, mártir (1930)


Ensayo
En torno al casticismo (1895);
Vida de Don Quijote y Sancho (1905);
Por tierras de Portugal y España (1911)