Antología:
Cuentos de la «nena terrible»

Ocampo, Silvina

In Spanish - 280 p.
Edición Crítica, Notas y Comentarios
Patricia Nisbet Klingenberg
ISBN: 978-1-934768-62-4
Library of Congress Control Number: 2013931688

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La presente es una introducción a los cuentos de Silvina Ocampo con inquietantes protagonistas infantiles femeninos, publicados entre 1937 y 1988, y que constituyen una característica notable de su narrativa.

Su primer libro de cuentos, Viaje olvidado(1937), fue publicado por la casa editorial Sur y reseñado por Victoria Ocampo en las páginas de la revista el año siguiente. En su reseña Victoria expresa sorpresa al descubrir que su hermana menor se dedicara a la escritura, y la critica por su sintaxis y gramática, diciendo que ciertas imágenes parecen «atacadas de tortícolis».
Es que la escritura de Silvina discurre por lo desconocido, lo incoherente, en memorias aisladas de contexto. Su primer libro, Viaje olvidadoes elmás surrealista, con estructuras fluidas como de sueño, fábula antigua o cuentos de hadas.
Su segundo libro, Autobiografía de Irene(1948), es más obviamente filosófico. Desde estos primeros relatos Silvina penetra la superficie de las apariencias, situando lo inquietante en lo cotidiano, donde la perspectiva infantil surge de una falta de comprensión de las situaciones, o muchas veces, de una confusión entre lo literal y lo metafórico.
Sus mejores cuentos aparecen en La furia(1959), Las invitadas (1961) y Los días de la noche (1970).
En Y así sucesivamente (1987) y Cornelia frente al espejo (1988) vuelve a su estilo original de Viaje olvidado, con mayor confianza y rompiendo con la estructura para incluir digresiones ex-céntricas, diálogos absurdos, imágenes oníricas.
En contraste con Borges, los cuentos de Silvina Ocampo se sitúan en el mundo reconocible y realista de las casas y calles de la ciudad de Buenos Aires, y casi siempre lo fantástico se insinúa con ambigí_edad.
Las obras de Silvina Ocampo siempre han sido un placer secreto entre los literatos.
Varias escritoras argentinas han expresado su admiración por ella y la admiten como una influencia importante: Alejandra Pizarnik, Sylvia Molloy, Griselda Gambaro, Elvira Orfeé, y Luisa Valenzuela todas elaboran una sexualidad abierta en sus obras y una preocupación con la violencia. También puede verse su influencia en Armonía Somers (Uruguay), Elena Garro (México), Clarice Lispector (Brazil) y Diamela Eltit (Chile) para mencionar las más obvias.
Silvina Ocampo debe ser más ampliamente comprendida como una voz esencial a la trayectoria literaria de Hispanoamérica del siglo veinte.
Después de leerla no es posible volver al equilibrio anterior en que la «realidad» y la «fantasía» sean dos mundos distintos: como en el caso de su amigo Borges, la reimaginación de nuestro mundo que sus cuentos imponen produce un cambio permanente.

Cuentos incluídos:

de Viaje olvidado (1937)
«El retrato mal hecho»
«El mar»

de Autobiografía de Irene (1948)
«Autobiografía de Irene»

de La furia y otros cuentos (1959)
«La continuación»
«El cuaderno»
«La sibila»
«Las fotografías»
«La furia»
«El vestido de terciopelo»
«La boda»
«Voz en el teléfono»

de Las invitadas (1961)
«La hija del toro»
«Isis»
«La venganza»
«El incesto»
«La cara en la palma»
«El fantasma»
«El pecado mortal»
«Radamanthos»
«La pluma mágica»
«El diario de Porfiria Bernal»
«Las invitadas»

de Los días de la noche (1970)
«Amada en el amado»
«Las vestiduras peligrosas»
«Atinganos»
«Las esclavas de las criadas»
«La soga»
«Clavel»
«Albino Orma»
«Clotilde Ifrán»
«Malva»
«Keif»

de Y así sucesivamente (1986)
«El automóvil»
«La lección de dibujo»
«Pier»
«El rival»

de Cornelia frente al espejo (1988)
«Los retratos apócrifos»
«Anotaciones»


Silvina Ocampo nació el 21 de julio de 1903, la última de seis hijas de una de las familias ilustres de la Argentina.
Ella misma describió su niñez como solitaria, llena de restricciones debidas a su alto rango social (no ensuciarse, no andar descalza, por ejemplo), fascinada por su hermosa madre –a su vez fue dominada por su padre distante y severo.
Su hermana mayor, Victoria, le llevaba quince años y llegó a ser una de las mujeres más famosas de su época.
Victoria Ocampo fundó la revista Sur, la más importante de toda Hispanoamérica durante gran parte del siglo veinte, y fue la primera en publicar las obras de su hermana menor, Silvina. Los padres tradicionales de las hermanas Ocampo prohibieron a Victoria la posibilidad de realizar su primer sueño de convertirse en actriz; pero años después, cuando Silvina llegó a una edad de independencia, a ella sí le permitieron pasar dos años estudiando pintura y dibujo en París. Silvina trabajó hacia el final de la década de los 1920 en el taller de Fernand Léger y también en el de Giorgio di Chirico, dos pintores que ahora se consideran precursores del surrealismo. Al regresar a Buenos Aires, Silvina participó en una exhibición de arte con Xul Solar y Norah Borges, dos figuras importantes en una nueva generación de artistas e intelectuales jóvenes encabezada por Jorge Luis Borges, hermano de Norah. Silvina Ocampo se unió a este grupo como artista, pero poco a poco empezó a dedicarse a la escritura.
Silvina ha observado que, aunque siempre había escrito cuentos desde niña, la literatura nació en su vida como práctica constante al conocer a su futuro esposo, Adolfo Bioy Casares.
Durante los años ’30 Silvina se fue a vivir con él en Rincón Viejo, la estancia de los Bioy en la provincia de Buenos Aires, cerca de Pardo. El escándalo de vivir con un amante, y que sea un hombre once años menor que ella, es un tema que no toca ni en sus obras ni en las pocas entrevistas que otorgó en su vida.
De las muchas fotografías de familia sabemos que Jorge Luis Borges, José Bianco y otros amigos les acompañaron con frecuencia en la estancia, y que sus conversaciones sobre la literatura y el arte iban a hacer de cada uno de ellos un escritor de suma importancia en los años venideros. Silvina Ocampo se transformó en escritora durante este período, publicando su primer libro de cuentos, Viaje olvidado, en 1937.
Adolfo Bioy Casares publicó su novela más famosa, La invención de Morel, en 1940 y Borges pasó de poeta y ensayista a cuentista en la misma época, publicando sus obras claves al final de esta década, «Pierre Menard, autor del Quijote» en 1939 y «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» en 1940.
Los tres, Ocampo, Bioy Casares y Borges colaboraron en la publicación de la Antología de literatura fantástica en 1940, muchas veces revisada y siempre en prensa hasta hoy. Estas obras en conjunto representan un punto decisivo tanto en la trayectoria de la literatura argentina como en la hispanoamericana más generalmente.
Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares se casaron en 1940 en una ceremonia civil con sólo tres amigos presentes. Uno de ellos era Borges, desde entonces un amigo de toda la vida. Durante los próximos años estos tres atraen a su ámbito un grupo variado de artistas, escritores e intelectuales que forman el núcleo del grupo Sur, muchas veces en oposición a los instintos conservadores de la fundadora, Victoria Ocampo. Después de casados «los Bioy» establecieron en sus varias casas –además de la estancia Rincón Viejo tenían una casa amplia en la ciudad de Buenos Aires y otra en Mar del Plata– un centro cultural informal donde se congregaban durante medio siglo las figuras intelectuales más destacadas de su momento. Viajaban con frecuencia a Europa, pasando meses en cada viaje. En 1954 hicieron un viaje a Francia donde nació Marta, hija de Bioy con una de sus amantes; días después de su nacimiento Silvina la adoptó legalmente en París. Según Jovita Iglesias, la madre y abuela biológicas de Marta se mantenían en contacto con la niña y eran invitadas a participar en celebraciones de cumpleaños, por ejemplo, un arreglo familiar que sorprende aún hoy.

Desde 1937 Silvina Ocampo, aunque nunca deja de pintar y dibujar, publica continuamente a lo largo de su vida: poesía, cuentos, un drama, y una novela escrita con su marido. En la última etapa de su vida sufrió de demencia y murió en 1993 a la edad de noventa años. Menos de un mes después murió en un accidente de coche su hija Marta.
Adolfo Bioy Casares, notablemente devastado por la doble pérdida, murió a su vez cinco años más tarde.

Primeras aproximaciones
Empezando por su primer cuento publicado, «Siesta en el cedro», en la revista Sur en 1936, Silvina Ocampo alterna la publicación de poemas y cuentos durante su larga vida. Sus obras fueron reseñadas por autores renombrados como su hermana Victoria, Ezequiel Martínez Estrada, Rosa Chacel, Eduardo González Lanuza y Alejandra Pizarnik. Estas primeras reseñas notan la importancia de los niños y de la perspectiva infantil, el poder mágico de objetos cotidianos, múltiples usos del elemento fantástico y una práctica de humor negro rayano con lo grotesco.
Las primeras antologías de sus cuentos preparadas por José Bianco (1966) y Eduardo Cozarinsky (1970) ofrecen análisis más extensos que destacan la sexualidad franca de muchos cuentos, su estructura reminiscente de los cuentos de hadas, los ambientes cuidadosamente descritos que ofrecen un contrapunto realista a la evocación fantástica. Cozarinsky observa un contraste entre la evocación de lo sagrado, especialmente con los objetos mágicos, y un tono de mal gusto y la violencia brutal que muchas veces conviven en estos cuentos.
Por este mismo período de los 1970 salen artículos importantes escritos por Sylvia Molloy, Blas Matamoro, y desde México por Rosario Castellanos que señalan el poder subversivo de los relatos de Ocampo en términos de su aparente neutralidad ante los códigos morales (Molloy y Castellanos) y sus fantasías de rebelión social (Matamoro). Sin embargo, como Noemí Ulla apunta (en Una escritora oculta), las obras de Ocampo no se estudiaron en la Universidad de Buenos Aires hasta fines de la década de los 1980. Una apreciación más detallada empieza en la década de los 1990 con la publicación de libros monográficos sobre sus cuentos, libros que aparecen en la Argentina y en el extranjero.

Últimamente, han aparecido varias obras póstumas que ofrecen una perspectiva más amplia de la obra completa de Silvina Ocampo y su modo de trabajar. Estas obras acompañadas por prólogos de Ernesto Montequín confirman la constancia de su creatividad en que anotaba ideas sobre servilletas, sobres, cuentas y cualquier otro papel y entonces elaboraba las primeras versiones en papel de cuaderno; su secretaria luego pasaba a máquina el cuento que Ocampo seguía corrigiendo y modificando; Bioy generalmente leía cada cuento antes de la versión final. Montequín declara que los archivos muchas veces contienen todas las diferentes versiones de una obra. Esta información, entre otras cosas, confirma que su matrimonio, que obviamente operaba fuera de las reglas convencionales, ofreció un espacio creativo para ambos.

Por razones complicadas el aprecio por Silvina Ocampo en el mundo literario ha sido tardío. Sin duda Ocampo misma se escondía deliberadamente entre sus compañeros más famosos.
En las palabras de Matilde Sánchez, no quiso seguir la «carrera» del literato profesional de su momento, dando charlas y entrevistas, asistiendo a reuniones y tertulias. Además, las diferencias en su obra comparada con sus ilustres compañeros no se apreciaba plenamente en el primer momento: ella indica sus desacuerdos con Borges y Bioy mediante su manera de escribir, pero no en sus declaraciones públicas.
Y finalmente, las obras mismas confían casi demasiado en sus lectores: la autora ofrece pocas explicaciones internas por las acciones perturbadoras de las narrativas. Con el tiempo estamos aprendiendo a leerla, a penetrar sus secretos. Con la perspectiva de los años podemos reconocerla hoy como una de las voces más originales de su época.