Pepita Jiménez

Valera, Juan




ISBN: 987-1136-14-5
Library of Congress Control Number: 0

Printed copy: U$ 14.80.-  add to cart
Evaluation copy: U$ 9.62.-  add to cart
Online access: U$ 9.99.-  add to cart

De las ocho novelas de Juan Valera y Alcalá Galiano, algunas de las cuales quedaron sin terminar, se destaca Pepita Jiménez, su obra maestra, con la que Valera consiguió su consagración y con la que profundizó en sus desvelos fundamentales: la búsqueda del ideal en lo estético y en lo filosófico.
La voz interior del autor está presente en forma constante en este libro delicioso, ejemplo de la literatura española del siglo XIX. Estructurada en tres partes que tituló «Cartas de mi sobrino», «Paralipómenos» y «Epílogo: Cartas de mi hermano», Pepita Jiménez vio la luz cuando su autor ya había cumplido los cincuenta años. Los puntos de vista del propio Valera fluyen a través de los capítulos, narrados en forma de cartas del protagonista a su maestro y tutor, su tío, el deán de la catedral de...

En la segunda parte el narrador es un personaje omnisciente, supuestamente el propio deán, que ve y sabe todo lo que está ocurriendo, aun los conflictos internos de los personajes. La última parte también se resuelve a través del género epistolar.

Pepita Jiménez fue publicada en 1874. Basada en un hecho real, en esta novela aparecen con fuerza las motivaciones e intenciones literarias del autor: mundos llenos de meditación y filosofía, en los cuales viven personajes marcados por el amor y la religiosidad. Los problemas de conciencia del protagonista convierten a esta obra en una novela psicológica. í‰l es Luis de Vargas, un aspirante a sacerdote misionero lleno de fuego místico, criado y educado por su tío el deán. Luis viaja al pueblo donde vive su padre, quien está enamorado de una joven viuda, Pepita Jiménez. El futuro sacerdote pretende defenderse de la atracción que le provoca esta mujer linda, buena y adorable. Toda la primera parte del libro está narrada por el propio Luis en cartas a su tío, en las cuales su lucha interior se muestra con hondura y precisión. El deán hace lo posible por alejarlo de la tentación.

A pesar de la sencillez de este planteo, lo cierto es que Valera creía en el poder de lo irreal para crear el mundo de fantasía que, como lo expresó él mismo, «hace falta en una novela, que es un género tan comprensible y libre que todo cabe en ella, con tal que sea historia fingida. En toda novela interviene lo extraordinario, lo ideal, lo raro y lo peregrino. Por eso se llama novelesco a lo que no sucede comúnmente». La historia de Pepita Jiménez, simple y terrenal, no tiene componentes extraordinarios pero sí se adivinan en ella las dudas, convicciones y arrestos místicos del propio autor, que no vacila en aparecer opinando, como parte de la narración, tal como se estilaba en la narrativa del siglo XIX.
(1824-1905)
Diplomático y escritor Español

Como diplomático, viajó por Brasil, Rusia, Estados Unidos y casi toda Europa. Se le considera liberal moderado. Destaca su ironía y discreto humor.

En 1844 comienza publicando poesías.
Desde 1859 aparecen sus primeros relatos de imaginación y ambiente exótico:

Parsondes
(1859) reelabora una antigua narración del castigo, por severo, de este seguidor de Zoroastro.

El pájaro verde se publica en Florilegio de cuentos, leyendas y tradiciones vulgares (1860): una princesa oriental, ayudada por su lavandera y su doncella, desencanta al príncipe de China, convertido en pájaro verde, junto a dos compañeros suyos. Las bodas de las parejas cierran el relato.

En 1870 aparece Lulú, princesa de Zabulistán (Revista de España, 1870).

En 1872 es nombrado director general de Instrucción Pública

Su primera novela, Pepita Jiménez (1874), apareció por entregas también en la Revista de España.
Trataba, en una primera parte -de técnica epistolar- la crisis del seminarista Luis de Vargas al conocer a su futura madrastra. La estancia de marzo a junio en la casa paterna andaluza lo transforma: conquista a Pepita y le declara su amor. Una segunda parte termina en matrimonio, con el beneplácito de todos y con un ajuste de cuentas con el deslenguado Conde de Genazahar.
Considerable como una novela psicológica, presenta el amor como tema literario. En sus diferentes prólogos, Valera definió su narrativa: defensa del arte por el arte, oposición al naturalismo e interés por la mística platónica, cercana a la filosofía krausista.

Las ilusiones del doctor Faustino (1874-5), segunda novela, también de ambiente andaluz, transcurre en una imaginaria Villabermeja, donde el infeliz Faustino, desdeñado por Constanza, sigue a una amante misteriosa casi mágica: María, hija de un bandolero.
Marcha Faustino a Madrid, donde será amante de Constanza, cuyo marido lo hiere. María se presenta con la hija de ambos. Faustino, indeciso, la menosprecia y se suicida a su muerte.
La novela rozaba temas de teosofía, pero se limita a ejemplificar cómo una mediocre educación estropea un espíritu valioso.
A la manera de una saga un año más tarde aparece El comendador Mendoza (1876), abuelo de Faustino y también habitante de Villabermeja en el siglo XVIII, es un simpático personaje que evita a Clara ser monja, y logra el matrimonio de ésta con su amado Carlos.

Le siguen Pasarse de listo (1877) y Doña Luz , el amor del padre Enrique (1878).

En 1880 traduce la novela griega Daphnis y Cloe y vuelve a la diplomacia.

Sus Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas (1886-87) confirman sus ideas estéticas. También redactó una Breve definición del cuento (1890), inédita en vida y recién publicada en una edición póstuma de Obras completas, en la que valora la sencillez y lo folclórico.

Juanita la Larga (1895) inicia su última época y replantea el tema amoroso: en Villalegre vive Juanita, hija de madre soltera y habilidosa andaluza. Amada del viudo Paco López, se ve acosada por el cacique Andrés Rubio, por su joven amigo Antoñuelo, por Inés, hija de Paco, y por el severo sermón del padre Anselmo contra su aparente frivolidad. Juanita gana la amistad de Inés, ridiculiza al cacique Andrés y evita ingresar en un convento, para casarse finalmente con Paco López.

Genio y figura (1897) narra los infortunios de Rafaela, que actúa en Río de Janeiro en el mundo del espectáculo. Su protector, Joaquín Figueredo, la hace su esposa y le deja toda su libertad. Unas memorias de Rafaela la presentan en París entre nuevos y viejos amantes y con una hija. Busca un amor tranquilo, como el del conde de Goivo-Fermoso, pero decide morir, sacrificándose por su hija.

Algunos escritos breves de Valera aparecieron en volúmenes como Cuentos y chascarrillos andaluces (1898), de carácter folclórico.
De varios colores (1898) incluye el cuento Garuda o la cigüeña blanca, sobre el amor de la noble austriaca Poldy y el judío Isidoro, que, fingiéndose un príncipe indio, le envía mensajes con una cigüeña.
Dos cuentos japoneses se traducen del inglés en este mismo volumen, junto a narraciones de ambiente hispanoárabe, como Los cordobeses en Creta. Incluye, además, obras dramáticas.

Ciego ya, dictó su novela, Morsamor (1899), de exótico contenido, que revela lecturas originales: Fray Miguel de Zuheros, hacia 1520, lamenta su mediocridad en su convento sevillano. El Padre Fray Ambrosio de Utrera, teósofo, le propone reiniciar su vida con Fray Tiburcio, bajo su antiguo nombre de Morsamor. Ambos conquistan en Lisboa a Donna Olimpia y Teletusa, con quienes embarcan a India. Defienden allí a los portugueses y a los brahmanes de los islámicos. Morsamor desposa a la bella Urbasi; la pierde y marcha al país mogol. Conoce al sabio Sankacharia, amigo de Fray Ambrosio, pero Morsamor, al volver desencantado a España, naufraga... Despierta en su convento, junto a Ambrosio: ha aprendido que los sueños tienen su lógica. Satisfecho, muere entre sus amigos.

El Epistolario de nuestro autor es uno de los más extensos y estudiados.
El mensaje de Juan Valera puede considerarse epicúreo: propone el goce de la Naturaleza y de los placeres intelectuales y espirituales, dentro de una moderación de raíz clásica.