La Industria Editorial y la revolución de Las Comunicaciones (conferencia
en ocasión del Congreso Mundial de Editores – Buenos Aires
– Mayo 2.000) A la aparición de Internet y los libros electrónicos como tecnologías disruptivas de la cadena editorial se le contrapone la evolución de los sistemas digitales de impresión. La incorporación de tecnologías de impresión de información variable con capacidades industriales permite predecir que la industria realizará los ajustes adecuados en su cadena de valor como para evolucionar a un nivel superior de eficiencia, desmintiendo los pronósticos apocalípticos sobre su desaparición. Los ajustes más probables son: 1. El desdoblamiento
de los libros en físicos y electrónicos según sea
el método de acceso a la información contenida (lineal
o jerárquico). 2. En el segmento de
libros físicos el reemplazo del método de impresión
de información fija por información variable sin resignar
los niveles de costo unitario ni calidad ya alcanzados. 3. La desaparición
de los stocks físicos y su reemplazo por mecanismos industriales
de Print-On-Demand La irrupción del e-commerce
a nivel global, con la aparición de intermediarios que han revolucionado
la cadena de distribución tradicional (caso Amazon.com) ha generado
en la industria editorial un impacto del cual aun no se recupera. Como si esto fuera poco, el
desarrollo y oferta de hardware personal que permite la lectura de archivos
en pantallas portátiles, han dado pie a innumerables especulaciones
sobre desplazamientos tecnológicos, y habilitan a múltiples
futurólogos a bosquejar panoramas inquietantes, donde los árboles
crecerán felices al no ser convertidos en papel y los autores
morirán desnutridos –junto a sus editores-, al no poder
cobrar derechos por no tener manera de
impedir la copia digital, que al ser inevitable se convertiría
en una actividad legal. Sin embargo todo esta desazón
obedece más a una reacción emocional que a un análisis
profundo del estado de situación de la industria, sus causas
históricas, y su desarrollo más probable en base a las
reglas que habitualmente siguen los desplazamientos debidos a tecnologías
disruptivas. Viene al caso recordar que
hace 50 años se predecía para el año 2000 el desuso
del automóvil y su reemplazo generalizado por vehículos
voladores. A lo largo de la historia
de la humanidad, los avances tecnológicos han generado disrupciones
en los negocios a través de modificaciones en las cadenas de
valor de los mismos. Y esas disrupciones han dado lugar a nuevos agrupamientos
de actividades en cadenas de valor, no siempre tornando obsoletas por
completo las viejas actividades sino reagrupándolas más
eficientemente en la búsqueda del objetivo último de la
industria en cuestión: las modalidades productivas y/o distribucionales
cambian más frecuentemente que los hábitos de consumo
de la humanidad. El quid es la clarificación
de ese objetivo último para la industria editorial, para lo cual
el análisis de qué necesidades satisfacen los libros y
cómo responde la industria con su Cadena
de Valor resulta sumamente útil. (la lectura como acceso a información complementaria y como
fin en si misma)
Uno de los aspectos poco visibles del nivel tecnológico
alcanzado en un momento determinado de la historia es que condiciona
la producción, y muchas veces enmascara el verdadero fin de una
actividad. Así, el nivel alcanzado hasta hace pocos años
por los métodos de comunicación obligaban a generar un
soporte físico para transmitir información. De ahí
que los correos fueran vistos como empresas de comunicaciones. La aparición del telégrafo, luego el
teléfono, el fax y finalmente el correo electrónico, han
desenmascarado el verdadero rol de los correos que es el de transportar,
a través de una red de logística universal, objetos físicos,
que si bien en su origen eran soportes de información, en definitiva
pueden ser cualquier cosa. Así el libro como objeto tiene por fin servir
de reservorio y transmisor de información dirigida a satisfacer
dos tipos de necesidades, a veces bien diferenciadas y muchas veces
superpuestas de manera no clara. Puede hablarse así
de libros utilitarios –textos, índices, catálogos,
etc.- y libros recreativos –literatura, poesía, etc.-. Por supuesto que ambas categorías
son flexibles, y así una novela puede resultar utilitaria como
libro de texto para un estudiante de letras. De todos modos puede decirse
que el modo de utilización dependerá fundamentalmente
de la manera en que se encuentre ordenado el acceso a la información. Si el acceso es ordenado jerárquicamente,
escalonadamente de mayor alcance a mayor riqueza o profundidad, el objeto
llamado libro, con su característica estática inamovible,
representa una solución de compromiso ineficiente: es mucho más
simple buscar a lo largo de directorios jerárquicos móviles
que a través de páginas fijas, y el truco de la indexación
alfabética no deja de ser eso, un truco. La búsqueda de información
a través de índices jerárquicos es mucho más
eficiente mediante un ordenador cibernético. Buscar un número
de teléfono consultando la guía telefónica es mucho
más ineficiente que consultando una computadora. Otro de los aspectos a tener
en cuenta es que en el caso de los fines utilitarios el libro es un
mero depósito de la información requerida para completar
una segunda actividad; en el caso de un manual de computación,
es cierto que físicamente se trata de un libro, pero en realidad
es un complemento informativo del sistema de computación y la
única razón por la cual lo editaba un editor es porque
podía utilizar capacidad ya
instalada debido a que sus sistemas productivos se adecuaban
al soporte físico más eficiente en esa etapa tecnológica,
pero una evolución hacia mayor eficiencia debería hacerlo
desaparecer y reemplazar por información on-line, directamente
emitida por el emisor responsable de la actividad principal, tal como
efectivamente está ocurriendo. Sin embargo, si la consulta
no es jerárquica sino secuencial, la posibilidad de simultaneidad
que dan las páginas impresas facilita enormemente la tarea, sin
mencionar la facilidad de progreso secuencial de dar vuelta la página
física, búsqueda completa del volumen mediante su ubicación
dentro de un conjunto relativamente pequeño –estante de
biblioteca- o aún de disposición física como consulta
simultánea, préstamo temporario o baja exposición
económica frente al riesgo de pérdida del objeto. Esto define que como dentro
de ciertas modalidades de uso, el objeto tradicional libro tiene ventajas
sobre el dispositivo electrónico, el problema reside en la comparación
de costos/beneficios, por lo que la adecuación eficiente de los
medios de producción y distribución de los libros físicos
auguraría una coexistencia complementaria, de manera muy similar
a la que hoy comparten automóviles, helicópteros, aviones
y bicicletas. Es cierto, los caballos han desaparecido casi por completo
como medio de transporte, pero en nuestro caso deberían asimilarse
más a los códices en rollos que a los libros industrializados. La Cadena de Valor de la industria editorial tradicional La industria editorial cumple
el rol de intermediación entre generadores de información
y receptores de la misma (autores y lectores), mediante el agregado
de valor al producto de unos para hacerlo más accesible a los
otros. Ese agregado de valor comprende
varios aspectos, los que a su vez dan lugar a varias actividades que,
al agruparse en un conjunto eficiente completan la Cadena de Valor de
cada empresa dentro de la industria. Esa eficiencia está dada
por el efecto sinérgico del agrupamiento que permite, al hacer
más eficiente el conjunto que la suma aritmética de las
partes, paliar las ineficiencias intrínsecas de cada eslabón
individual. En definitiva, es la sumatoria
la que con su rendimiento aumentado por la sinergia, efectúa
un subsidio sobre la ineficiencia de cada actividad parcial. Esa ineficiencia parcial es
inevitable, ya que la administración de cada etapa implica soluciones
de compromiso entre profundidad y alcance, normalmente representados
por calidad y precio, precio y cantidad, variedad y cantidad, etc. Normalmente una tecnología
nueva rompe esos balances y permite elevar la eficiencia de una de las
etapas, la que al ser claramente la que ahora subsidia a las demás
da pié a la irrupción de nuevos jugadores que se especializan
en esa etapa, quebrando la cadena de valor tradicional y dando nacimiento
a nuevas agrupaciones. En el caso de Internet como
tecnología disruptiva el tema es que aparece más clara
la tensión entre las expectativas de la demanda y las posibilidades
técnicas de satisfacerlas en forma económica. Pero,
cambió la necesidad que la industria editorial satiface?, Es el producto final libro
el que resultó obsoleto? Como vimos la mayor parte
de las veces no. Lo que ocurrió fue un cambio en la expectativa
de oferta y producción, no de consumo. Y muchas predicciones resultarán
erradas al seguir el consumo un patrón de cambio evolutivo
eficiente y no drástico.
Esta etapa implica la realización
de una selección o recorte del universo de lo disponible. Puesto
en términos de Internet, es la actividad antecesora de los portales. Esta etapa adquiere mayor
importancia en la medida que el universo de información se hace
más grande, y el acceso a la misma más universal y directo,
es decir con menos indexación jerárquica. Es que en ese
contexto, el receptor de información requiere de un trabajo más
arduo de clasificación para adecuar la oferta a sus posibilidades
físicas (tiempo, área de interés, comprensión). Así como el crecimiento
exponencial de Internet determinó la aparición de portales,
el crecimiento de la oferta literaria reafirma la necesidad de mantener
este rol de las editoriales. Sin embargo, este recorte
para ser apreciado debe provenir de una figura visible y creíble
y cuya lealtad (afiliación) claramente sea para con el receptor
(lector). Esto se contrapone con las
condiciones actuales de relación entre la editorial y el lector,
quien generalmente la percibe tan distante que ni siquiera la recuerda
(el lector recuerda el autor y donde compró el libro, difícilmente
recuerde la editorial). En la medida que el rol de
seleccionador de la editorial se acentúe, la relación
con el lector y por ende la presencia mental de la marca se acentuará
(como lo era hace años la imagen de la “colección”
en el mercado argentino). En esta etapa la solución
de compromiso se da entre los títulos que el editor juzga “vendibles”
y aquellos que considera “literariamente valiosos” pero
no comerciales. Como el capital operativo, el espacio en estantería
y las posibilidades de absorción de la cadena de distribución
no son infinitas, el editor lauda dejando fuera algunas obras.
Esta etapa de la cadena agrega
valor a la obra ya que le da el formato adecuado para su consumo por
parte del lector según hábitos y actitudes arraigados
y pulidos por siglos de evolución (del códice al pocket
book). Implica, además, la
estimación de la demanda en base –hasta ahora- a la información
histórica de la cadena comercial, y el balanceo entre los costos
unitarios y el tiraje máximo absorbible por la demanda esperable
en el futuro. Esta curva de compromiso depende
del avance de la tecnología de impresión.
Es una etapa crítica,
ya que agrega el valor de colocar el producto – contenido literario
ahora en formato aceptable- adecuado, en el lugar correcto, al precio
correcto y en el momento correcto. En esta etapa el precio se
modifica por la intermediación, el lugar por la cobertura y el
momento por el stock disponible.
Agrega el valor de dar a conocer
la disponibilidad y atractivo, en un estadio donde la oferta “empuja”
las ventas (push).
Es la etapa que permite alimentar
la cadena de producción literaria al asegurar que el flujo de
fondos generado por la venta del soporte físico de la información
llegue en un porcentaje a los bolsillos de los productores de la misma
(derechos de autor). Como es claro, depende básicamente
de la unión contenido-soporte y es la más atacada en apariencia
por las nuevas tecnologías, según los futurólogos.
Es la etapa que agrega valor
al compensar los errores de estimación de la demanda efectuados
en la impresión y la distribución. El problema es
que así como se compensan los errores en menos mediante reimpresiones,
tambien se compensan los errores en más mediante las devoluciones.
Y estas afectan dramáticamente los balances. Cada
una de estas etapas está influída por información
de mercado tamizada a través de la cadena de distribución
tal como estaba concebida hasta el presente.
Esta información es
a su vez una solución de compromiso entre el grado
de riqueza de información y el alcance
y cobertura de la misma. Esto es: el editor podía
hasta el presente en términos económicos razonables conocer
muchos datos de pocos lectores, o someramente pocos datos de muchos
lectores; lo que se adecuaba perfectamente a la ecuación industrial
precio/tiraje que determinaba el resultado pocos títulos –
muchos ejemplares. O sea una pequeña porción de satisfacción
para muchos lectores/clientes. Pero hete aquí que
internet y el e-commerce cambian la economía de esa información:
ahora es posible, en tiempo real y sin costo apreciable, conocer el
total de la información sobre el deseo de la demanda –a
través de las órdenes online- del total de los clientes
de un universo –los conectados a través de internet con
la oferta, donde quiera que la misma se efectúe. Este nuevo nivel informativo
(toda la demanda de todos los clientes) deja al descubierto lo inadecuado
del nivel alcanzado por la ecuación del compromiso productivo
(pocos títulos, grandes tirajes). Es cierto que por año
se leen X libros, pero librados a su deseo, los lectores no leen todos
el mismo título sino que dividen sus preferencis en más
titulos de menores tirajes. Esta desadecuación
entre la información disponible y la estructura de la cadena
de valor actual es la que genera la aparición de jugadores como
Amazon.com, que tomando una etapa crean un negocio que domina al resto. Pero,
realmente, dónde reside la inadecuación de la industria
actual? Es que la economía
de la información, con su posibilidad de clonación digital
ha tornado obsoleto el libro como objeto soporte de todo tipo de información
contenida ? O será que la cadena
de valor actual, al aparecer un nuevo nivel de riqueza de información
sobre la demanda presenta tensiones que justifican su “deconstrucción”? La
respuesta está en la etapa de impresión. Si la etapa de impresión
adecua su curva a la de la información disponible –muchos
títulos/bajos tirajes- entonces sólo queda el ajuste fino
de los errores de estimación en los tiempos de producción-entrega-cobranza. Obviamente el momento óptimo
desde el punto de vista financiero es superponer la producción
con la entrega y cobranza, o aún postergarla. Que es exactamente
lo que hace el POD. En definitiva el objetivo
del POD para significar una evolución de la industria es adecuar
la Cadena de Valor a la información disponible gracias a la revolución
de Internet, y volver eficiente a una industria en el aspecto que había
quedado desfasada, dejando intactos los otros factores a los cuales
se había arribado por evolución. Esto significa no
incrementar costos, ni sacrificar calidad o durabilidad del libro. Además es evidente
que una tecnología que descentralice la producción al
punto de permitir la clonación no controlada no resolvería
el problema de los derechos de autor, tornando muy compleja la administración
del sistema aún con mecanismos de individualización digital. La
respuesta está en los sistemas de POD con calidad industrial
que cumplan con los siguientes requisitos:
Como este último punto
obliga a un manejo mecánico complejo (impresión estable,
incorporación de un cuerpo de 4 colores para las tapas, tren
de terminación con encuadernación de calidad industrial),
dada la evolución de la producción de máquinas
industriales, donde a diferencia de los costos de electrónica
los costos mecánicos no bajan, es posible predecir que el futuro
se inclinará por producciones semicentralizadas, en facilidades
de impresión que concentrarán la producción de
varias editoriales, simultáneamente distribuyéndose regionalmente para
reducir costos de distribución. El nuevo balance estará
dado por calidad / costo de las máquinas / proximidad al consumidor
final, permitiendo inferir que el costo de entrada resultará
en una barrera competitiva que impedirá el ingreso de jugadores
no autorizados que pudieran evitar el pago de derechos. En una palabra:
la reproducción casera de libros no parece factible en un futuro,
ni aún lejano. El nuevo modelo editorial
La
Cadena de Valor “deconstruída” por la nueva secuencia
de información se ve así
La
nueva editorial se transforma 1.
De “productor / vendedor” a “agente / consejero” 2.
De economía industrial a economía de servicios 3.
Afiliado a los lectores y no a la imprenta 4.
Relación con lectores intensificada 5.
Revalorización de la marca: prestigio.
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